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EL ARSENAL DE LA "NUEVA GUERRA"
09 de mayo 2001
En Fabricación Armas de Guerra que no Matan
Cañones de sonido que producen sordera, microondas para afiebrar
enemigos, fusiles láser que ciegan y espuma pegajosa paralizante,
forman el arsenal de la "nueva guerra" de las grandes
potencias.
Si se descarta las armas nucleares, que tienen su propio "equilibrio
del terror", y nadie las usa para evitar un ataque similar
del adversario (con millones de muertos por ambos bandos), las principales
armas antipersonales en la actualidad son las destinadas a producir
heridos y no muertos.
Todas
las guerras del siglo XX, incluyendo las dos guerras mundiales,
las regionales y las locales, produjeron el deceso de 170 millones
de seres humanos. Hoy se quiere evitar un número tan enorme
de víctimas fatales. Pero el objetivo final de los Estados
Mayores sigue siendo el mismo: anular las tropas enemigas en caso
de conflicto bélico.
AHORA, LAS GRANDES potencias creen poder llegar a igual resultado,
usando las llamadas armas no letales (ANL), que van desde el empleo
de gases y granadas que esparcen esquirlas de goma, hasta "golpes"
de láser, ultrasonido y microondas, conocidas como "armas
de frecuencias", tanto o más peligrosas que las clásicas,
-en opinión de la mayoría de los expertos.
Los chorros de agua, las balas de caucho y las granadas de gas lacrimógeno,
que habitualmente usa la policía en todo el mundo para contener
y dominar manifestaciones, son ejemplo de armas disuasivas no letales.
Pero los laboratorios y centros de experimentación militar
de EEUU, Alemania, Inglaterra, Francia y Rusia están trabajando
en otro tipo de "municiones", que parecen engendradas
en una película de ciencia-ficción.
Entre los prototipos de las nuevas armas no letales, hay fusiles
láser que producen ceguera temporal o total; pistolas de
microondas, capaces de originar fiebres extraordinariamente altas;
armas sónicas que aturden, causan vértigo, espasmos,
confusión mental y náuseas; lanza-espumas que pegan
las botas del enemigo al suelo, y hasta granadas pestilentes...
cien veces más fuertes que las usadas en bromas estudiantiles.
El hecho de que EEUU esté gastando mil millones de dólares
en desarrollar este tipo de armas no letales desde 1993 y a razón
de 100 millones al año (hasta el 2002), revela la importancia
estratégica que se les atribuye.
La investigadora española Elena F. Vispo opina que "no
se gasta tanto dinero en crear armas inofensivas". Agrega:
"Las que se conoce como 'no letales' muchas veces son en realidad
armas 'pre-letales' que, al aumentar la intensidad de su empleo,
pueden matar al adversario".
EL Fúsil láser, por ejemplo, dispara un chorro de
luz que, cuidadosamente regulado, produce ceguera temporal o desorientación;
pero al máximo de su potencia es capaz de quemar la retina
de un soldado enemigo a un kilómetro de distancia. (Están
prohibidos desde 1995).
Otro caso a considerar es el del cañón de sonido.
Emite frecuencias variables, que atacan distintos órganos
del cuerpo, no sólo el oído. Todo depende de cómo
se controlen las ondas acústicas: las de baja frecuencia
se dispersan en todas direcciones, lo que disminuye su eficacia,
y las de alta frecuencia pueden causar sordera permanente o daños
cerebrales irreparables.
Más propiamente "no letales" son los tanques de
espuma paralizante, muy parecidos en su apariencia a los lanzallamas
empleados en la Segunda Guerra Mundial. Los soldados los llevan
cargados en sus espaldas, como una mochila, y del tanque sale una
manguera, que termina en un pistón. De allí se lanzan
chorros de gran potencia de una sustancia viscosa, que impide el
libre movimiento del cuerpo de quien la recibe.
La primera aplicación práctica de esta arma no letal
por el Ejército de los EEUU, se dio en Somalia en 1995 para
poner coto al caos multitudinario que se produjo cuando sus soldados
repartían alimentos a la población civil, hambreada
por una guerra local. Los soldados norteamericanos, que habían
ido como "pacificadores", dirigieron entonces sus lanza-espuma
contra el suelo, y no contra la gente, para evitar daños
mayores.
Pero luego tuvieron que esforzarse por despegar a algunos somalíes
que se habían quedado adheridos al piso.
Fue un problema menor, porque la espuma pegajosa, si da en el rostro,
puede ahogar al receptor. Con una carga más potente el lanza-espuma
puede sellar puertas y ventanas de un edificio para evitar el acceso
o el escape de la multitud, y casi instantáneamente, porque
se utilizan componentes químicos de endurecimiento ultra
rápido.
Otra arma no letal de efectos bastante más terribles, es
la "pistola térmica" creada en el Laboratorio Nacional
de Oak Ridge, en los EEUU, que se basa en la potencia de las microondas;
las mismas que se usan en los hornos rápidos de casa. No
se trata de cocinar al enemigo, sino de provocarle una violenta
fiebre corporal, suficiente para anularlo --sin que muera-- al recibir
la descarga.
"No es tan sencillo" -objeta la española Elena
F. Vispo. En este caso también hay un problema de "graduación
de la descarga" -asegura. Según la experta, la pistola
de microondas "eleva la temperatura de los líquidos
del cuerpo humano (un 75 por ciento del total), provocando dolor
hasta el desmayo o quemaduras irrecuperables".
Las menos sofisticadas de las armas no letales en experimentación,
en opinión de los expertos, son dos tipos de bombas: 1) El
"saco de porotos" (beans bag), que es una especie de bomba
de racimo --de esas que fabricaba en Chile Carlos Cardoen--, pero
de efectos mucho menos letales. Consiste en una bolsa grande de
cuerina, rellena con pelotitas de caucho, que al ser lanzada a gran
velocidad y estallar, produce el efecto de un ataque de abejas enfurecidas,
con irritación de la piel y dolor agudo al impactar, y 2)
La bomba pestilente, que lanzada sobre tropas enemigas --o contra
una manifestación callejera-- provoca náuseas, vómitos
y diarrea, probablemente la forma menos elegante de quedar "fuera
de combate". Pero ambas son "armas no letales" (ANL),
en el pleno sentido del término.
Las realmente peligrosas son las armas de frecuencia (AF), que
usan las partes no ionizantes del espectro electromagnético.
Algunos ejemplos: armas dotadas de rayo láser; microondas
de alta potencia (HPM, en inglés), infrasonidos, armas de
"balas de plasma", impulsos electromagnéticos (EMP)
y dispositivos de radiofrecuencias. Algunas armas de frecuencia
se desarrollaron dentro del programa SDI (la "guerra de las
galaxias" del presidente Reagan), ahora abandonado, y tienen
una "nueva oportunidad" en nuestros días, bajo
el nombre de armas no letales.
Las discutidas armas de frecuencias escapan a controles internacionales,
en opinión de los expertos, porque son un salto en la tecnología.
Los tratados de prohibición armamentista se limitan a agentes
químicos y gases o balas de fragmentación (dum-dum),
como la Convención de Ginebra, la Convención sobre
la Guerra Biológica de 1972 y la Convención de Guerra
Química. Pero láseres o microondas, que "hacen
estallar los ojos de un soldado" o que "los cuecen por
dentro" --según la organización contestataria
Freedom Press, de los EEUU--, no son considerados igualmente inhumanos
ni prohibidos.
El libro negro de las armas "bondadosas"
Mientras el Pentágono justifica sus investigaciones en armas
no letales, como una manera de "humanizar la guerra" y
causar el menor número posible de bajas fatales, organizaciones
pacifistas, anarquistas, "verdes", ecologistas, sindicales
y feministas, se han encargado de denunciar, en el propio EEUU y
en Europa, lo que ellos califican como "las falsas ventajas
de las llamadas armas no letales".
Un sitio web mantenido por Freedom Press: (www.iglobal.com/TAO/freedom),
ofrece una variada muestra de argumentos en contra de las ANL:
La guerra no letal llevaría a los EEUU a equiparse con armas
que, aparentemente, deshacen la capacidad bélica del enemigo
sin gran número de bajas humanas... Pero entre los nuestros
sí habría heridos sangrantes y muertos. Aunque fueran
pocos, el asunto podría manejarse mediáticamente.
En la TV, los "otros" quedarían como los malos,
al mostrar que "sólo las tropas norteamericanas vierten
su sangre".
Como en el mundo de posguerra fría, las invasiones de grandes
potencias a países pequeños necesitan la aprobación
de la ONU, es más fácil lograrla si se pueden evitar
bajas en la escala del bombardeo a Irak en 1991. De este modo, "los
estados ricos y agresivos pueden legitimar la invasiones de otros
países".
También se puede con las ANL reducir el daño al equipamiento
de capital que puede pertenecer a empresas occidentales. Al usar
la nueva tecnología bélica, "no necesitaríamos
otro plan Marshall para reconstruir a los países enemigos
que luego quieran convertirse en amigos".
Muchas llamadas ahora "armas no letales" se vienen usando
desde hace décadas por las policías del mundo para
enfrentar protestas callejeras (como las bombas lacrimógenas),
y se las describe en conjunto, como si fueran de un mismo tipo,
con las que en realidad pueden ser mortales, las armas de frecuencias
(AF). Nada se informa sobre las AF y mucho sobre las otras que pertenecen
a la tecnología antidisturbios.
Cortapaciencia
Otro tipo de críticas, proviene de los llamados "halcones"
o "duros" dentro del propio mundo militar y los estudiosos
de defensa de los EEUU. Piensan que al ocurrir una invasión
norteamericana a otro país, "en cuanto se produzcan
las primeras bajas en nuestro bando, se dejarán de lado todos
estos nuevos artilugios, y se disparará a matar".
Citan en apoyo de su argumento lo sucedido con el Ejército
de Israel, ante la intensificación de las protestas callejeras
de los palestinos. "Se empezó con armas no letales típicas,
disparándoles balas de goma, pero las tropas judías
terminaron metiéndoles plomo a discreción, como en
cualquiera guerra convencional" en cuanto intensificaron sus
ataques, y produjeron las primeras bajas en sus propias filas (Diario
MTG)
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